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viernes, 7 de enero de 2011

En Madrid seguiría lloviendo

                                       Capítulo 2.Y ME ENAMORÉ DE TI
 - Joan! Que si nos quedamos fuera dentro?- Se estaba riendo y me miraba mientras me lo decía.
  - Que? Oh! Perdona!- Riéndome- Estoy en las nubes. Si, fuera, hoy hace un día maravilloso no crees? Mira en esta mesa que está más apartada.- Le señalé la mesa y nos sentamos uno enfrente del otro.
  - En que pensabas tan profundamente?- Me preguntó Gray mientras me miraba interrogante.
  - Pues estaba recordando viejos tiempos, las cosas y los momentos que hemos vivido juntos...- Le miré sonriendo y llamé al camarero alzando una mano. No le mentí, estaba pensando en eso, pero se lo conté superficialmente ya que no quería entrar en detalles, así que disimulé un poco y le insistí para que me contase algo- Venga! Cuéntamelo todo, todito!
  - La verdad es que no hay mucho que contar Joan. Llegué allí y todos se pusieron muy contentos al verme, dijeron que había crecido bastante y que había perdido mi acento Argentino.- Hizo una pausa para reírse y yo le acompañé- Me gustó bastante empezar allí un nuevo curso porque entré en un colegio normal, público y he hecho bastantes amigos.- Cuando dijo esto intenté que no se me notara mi desilusión por aquel dato, que Gray hiciera nuevos amigos y amigas -sobretodo amigas- no me gustaba, tenía miedo de perderle. Pero debió de notar mi inquietud por ello.- Pero no encontré a nadie como tú claro.- Nos sonreímos mutuamente.
  - Y que tal son tus nuevos amigos?- Sonriendo.
  - Son bastante buenos, quedamos mucho y nos divertimos, tenemos todos muchas cosas en común y me siento agusto con ellos. Me alegro de haberlos encontrado.- Entonces, él me cogió la mano que tenía apoyada encima de la mesa y me la acaricio suavemente. Ya no recordaba como era el tacto de su piel contra la mía, y volver a sentirlo junto a mi me hizo tranquilizarme y sentirme mucho mejor.- Pero de lo que de verdad me alegro es de volver a verte, te he echado muchisimo de menos, me acordaba cada instante de ti.- Me sonroje un poco, pero no tenía por qué, yo sentía justo lo mismo.
  - Yo también Gray, no era lo mismo sentarme aquí y tomar café sola sin tener a nadie con quien hablar. Es una pena que tengas que volver.- Esta última frase la dije con algo de más énfasis para ver que respuesta me daba a eso. Pero justo cuando el fue a abrir la boca el camarero llegó para tomarnos nota, sacó su cuadernillo y un boli y nos miró esperando a que hablásemos.- Lo mismo de siempre?- susurré a Gray, a lo que el respondió asintiendo con la cabeza.- Dos cafés con leche y dulces de la casa por favor.
  - Estupendo, ahora mismo os lo traigo- Cerró su libreta, dio media vuelta y entró por la puerta de la cocina.

  Seguimos hablando de su nueva estancia en Argentina. Me describía a cada uno de sus amigos, como era, si era buena persona o no, lo que le gustaba y lo que no...me di cuenta de que le encantaba su nueva vida, ahora él tenia muchos amigos, a diferencia de antes que solo me tenía a mi. Se le veía tan feliz hablando de todos, cada uno de sus amigos tenía algo especial que le gustaba a Gray, y yo a medida que él me contaba cosas acerca de ellos con menos energía me encontraba, por lo menos no había mencionado a ninguna amiga. Pero de algo me estaba dando cuenta, cada vez que yo hacia mención de que ojalá no se tuviese que ir, él hacia oídos sordos y cambiaba de tema, empezé a pensar -y temer- que no quería quedarse en España, que prefería irse con sus nuevos amigos. Yo no estaba escuchando con mucha atención la descripción de su amigo John, en cambio estaba deseando y anhelando la posibilidad de que se pudiese mudar otra vez aquí en este país, en Madrid, el piso justo debajo del mio, pero eso era algo imposible. No podía creer que no quisiera estar conmigo, entendía que se tuvieran que volver, pero no se por qué me daba la sensación de que se quería ir pronto, que se quería ir cuanto antes. Aquello me dolió bastante. Nosotros solíamos ser los mejores amigos, de los que no se separan nunca, de los que confían entre ellos, de los amigos esos que siempre están juntos, de los que se ayudan...de los que llegan a tener alguna historia bonita, me estaba volviendo a enamorar de él. Pero no! No podía caer en ello, Gray volvería otra vez a Argentina, y ya no lo vería hasta dentro de mucho tiempo, ya me costó olvidarlo durante varios meses, estuve fatal y no podía volver a pasar por eso, tenía que intentar olvidarme de él, o por lo menos no pensar en Gray de una manera más fuerte que la amistad, eso lo tenía más que claro.

  Me miré el reloj que llevaba en la muñeca izquierda y decidí que ya era hora de volver a casa y de pensar un largo rato a solas; lo necesitaba. Así que dejé diez euros encima de la mesa, sabía que él no se opondría a que yo invitara ya que no había hecho el cambio de moneda todavía. Gray me había dicho que acababan de llegar ese día y que no le había dado tiempo, que lo único que quería era verme -eso no ayudaba a olvidar nada de nada-.
  - Lo siento cielo, es hora de que vuelva a casa. Mi madre dijo que le ayudara con la limpieza esta tarde.- Mentira- ¿Cual es tu hotel?¿Esta cerca de mi casa?- Me levanté y me colgué el bolso.
  - Vale, si, yo también debería volver, me estarán esperando, no les dije a donde iba. Pero no te preocupes Joan, mi hotel está al otro lado de la ciudad y vas ha llegar demasiado tarde, gracias de todas formas.- Su sonrisa era radiante, perfecta, constituida por dos hileras de un brillante color blanco adornados con el color rosado y naranja de la comisura de sus labios, labios besados por mi.- ¿Quedamos mañana otra vez? Pero esta vez para ir al parque, echo de menos su fresca brisa en las tardes.
  - Si, me parece estupendo. ¿A que hora?.- Nos miramos a los ojos, los dos sonriendo, el seguía sosteniendo mi mano aún cuando nos habíamos levantado.
   - "A las 7 en la puerta del Ayuntamiento, ni un minuto más ni un minuto menos".- Dijimos los dos a la vez, seguidamente nos reímos y nos dimos un gran abrazo. Siempre quedabamos a la misma hora en el mismo sitio para ir al parque, era algo habitual en nuestras vidas, más que una frase, era un signo de amistad, de rutina, de normalidad en nuestras vidas. Estaba enamorada de él, otra vez. Se separó un poco en nuestro abrazo y pegó su frente a la mía. Yo me quedé seria, mirándole a los ojos, esos ojos tan preciosos que me hacían recordar a una alta velocidad cada uno de los recuerdos vividos con Gray, como si fuese una película, las imágenes de nuestra vida junta pasaban por sus llameantes pupilas más claras que nunca, le amaba, quería tenerlo para siempre.
  - Te echaba de menos, muchisimo, más de lo que imaginas. Ojalá me pudiera quedar contigo para siempre, te quiero mucho, eres y siempre serás mi mejor amiga, nunca olvidaré...lo vivido junto a ti, nunca se borrará de mi mente, tenerte cerca fue lo mejor que hice a tu lado.- Y me dio un beso en la mejilla, fue largo, como un beso en los labios, pero menos cálido, me gustó, fue relajante y le sonreí devolviéndole otro beso profundo.
  - Te quiero mucho, muchisimo, más de lo que imaginas.
  Nos sonreímos y me soltó la mano lentamente, como si no quisieramos separarnos. Al final cada uno fue por su lado caminando lentamente y desapareciendo entre la multitud no sin antes mirar hacia atrás y dedicarnos una sonrisa el uno al otro. Olvidarle me iba a costar mucho más de lo que a mi me hubiera gustado, no me acordaba de que lo quería tanto, de que era tan especial, pero en esos momentos lo único en lo que pensaba era en todo aquello que me había dicho, tan bonito y que yo no me esperaba. Seguí caminando en dirección a mi casa, caminaba muy lenta, iba pensando en muchísimas cosas, pensando en que quizás yo no era la única que todavía sentía algo más que amistad.

jueves, 6 de enero de 2011

En Madrid seguiría lloviendo

                                       UN REENCUENTRO MUY INESPERADO
 
  Vi una blusa preciosa en aquel puesto del mercadillo. Me acerqué a cogerla, pero estaba colgada de una de las perchas más altas del puesto, así que me coloqué el bolso bien agarrado al hombro y me puse de puntillas. Por unos centímetros casi me quedo sin blusa, pero alguien apareció en mi ayuda.
  - Te ayudo? - La voz masculina cogió la percha y me la ofreció.
  - Muchas gracias, son tan altos los puestos - Me dispuse a darme la vuelta sonriente para verle la cara a aquel chico tan gentil. No me lo podía creer era Gray! Gray era mi amigo argentino al que conocía desde hace algunos años y que pocos meses atrás se había tenido que ir a vivir a Argentina. Estaba allí, había crecido bastante, ahora era él el que me sacaba media cabeza. Tenía el pelo más oscuro y los ojos más claros, pero seguía igual de guapo. Me estaba sonriendo con la blusa en la mano, no supe como responder, si darle un abrazo, si dos besos, ni idea! Estaba tan feliz que solo hice lo más estúpido que pude; le cogí la blusa de las manos y la miré.
  - Gracias- Y le sonreí.
  - No te acuerdas de mi?- De pronto sus ojos se volvieron brillantes, pronunciar esas palabras le había entristecido, sus sonrisa desapareció por unos instantes...Eso era una de las cosas que más me apenaban del mundo, ver a Gray tan triste ya que él era una de las personas más feliz que yo conocía, tan simpático y amable.
  - Claro que si Gray!- Tiré la blusa al suelo y me tire a él para darle un abrazo bien fuerte, todo lo que pude.- Que montón de tiempo, ¿como es que estas por aquí?¿cuando has venido?¿te vas a volver a ir?- Empezé a lanzarle preguntas de todo tipo, quería saberlo todo, había pasado muchisimo tiempo y quería ponerme al día con él.
  - Eh! Para el carro Joan! Que te embalas y no hay quien te pare.- Me encantaba su sonrisa, era tan agradable y pacífica...la echaba de menos.- Vine hace unos días a Madrid, pero solo porque allí nos han dado unos días de puente, después tengo que volver a Argentina con mis padres, ellos tienen trabajo y yo estudios. Pero quería aprovechar mi venida para hablar contigo y pasar un buen rato. Tengo que contarte bastantes cosas, he conocido a mucha gente nueva, a muchos amigos y quiero que lo sepas todo, como en los viejos tiempos. ¿Te parece si nos vamos a Screen Cafe? Podemos tomar algo y charlar.- Él me sostenía las manos fuertes y cuando me hablaba lo hacía con una gran sonrisa en la cara.
  - Me parece estupendo, quiero saberlo todo de tu llegada a tu hogar y de como te han ido las cosas, y la gente que has conocido. Venga, que yo invito.- Me agarré a su brazo y me pegué a el. Nos fuimos del mercadillo y tras cruzar la calle llegamos a una cafetería que hacia esquina.

  Aquella cafetería era nuestra cafetería, a la que íbamos todas las tardes a tomar café y dulces, a la que ibamos a contarnos todos las novedades, gente conocida y trapos sucios de la gente. Mientras andábamos no hablábamos, queríamos reservarlo para la merienda, así que yo iba absorta en mis pensamientos, echaba de menos aquellas tardes junto a Gray, esas charlas y esas risas que habíamos tenido unos meses atrás. Yo había tenido un miedo oculto mientras mi amigo estaba en Argentina, tenía cierto temor a que Gray hubiese cambiado al llegar a su antiguo hogar, que le hubiesen cambiado sus nuevos amigos y que ya no volvería a ser el mismo de siempre. La verdad es que yo estaba mucho más tranquila, pero no del todo, todo quedaba por ver. Algo que no se sabe es que antes de que él se fuera con sus padres, es decir, unos meses anteriores a su partida pasaron algunas cosas importantes entre nosotros dos: resulta que él asistía a un instituto de pago -sus padres eran unos importantes empresarios en la ciudad y podían permitírselo- y como él odiaba toda esas pijadas no quiso hacer amigos en aquel colegio. Yo era su vecina de arriba y muchas veces coincidíamos en el ascensor o al bajar las escaleras y ese fue nuestro comienzo de amistad hace varios años. Él solo me tenía a mi como amiga y para mi él era mi mejor amigo, lo que quiere decir que siempre estábamos juntos, siempre hablabamos de todo y teníamos muchisima confianza el uno en el otro. Poco a poco nos íbamos cogiendo mucho más cariño, aunque no queríamos reconocerlo, era la verdad. Un mes antes de que Gray se fuera -y que aún no lo sabía yo- , decidí dar un paso y decirle que sentía algo más por él, me sorprendió su respuesta ya que me dijo que a él le pasaba igual. No hablamos más de ese tema, hasta dos semanas más tarde donde por razones irrelevantes nuestros labios se juntaron por primera vez, estuvimos genial una semana entera, éramos novios y nos sentíamos muy feliz, pero la mala noticia llegó: "Me vuelvo a Argentina dentro de una semana" . Días después no tube la suficiente fuerza como para verle la cara, no estaba enfadada ni mucho menos, yo sabía que no era culpa de nadie, pero me vendría abajo si miraba una vez más los ojos oscuros de Gray. Decidí que no podía estar así siempre que se iría y que no lo vería en mucho tiempo. Cortamos por lo sano. Nadie se puso triste, era lo mejor que podíamos hacer, nos costó bastante, y nos dimos nuestro último beso. Horas más tarde cogió un avión que duraría 12 horas, 12 horas que nos separarían día tras día. Hasta hoy.

Mini Novela -En Madrid seguiría lloviendo-

  Pues el título lo dice todo. A continiación voy a escribir, redactar, narrar una pequeña novela de posiblemente 3 capítulos sobre algo que me pasó hace unos meses y necesito contar. La historia que cuento no es del todo verídica, los nombres no son los mismos, ni los lugares y algunos hechos son inventados ya que los he añadido para darle más emoción a esta pequeña novela.
  Trata simplemente de el reencuentro de dos amigos, muy buenos amigos y algunos problemas aparecen al contarse las nuevas noticias el uno al otro sobre sus nuevas vidas.
  Espero que os guste, aunque sea breve tiene mucha importancia para mi ya que son hechos vividos y cuenta lo que sentí yo en esos momentos -sentimientos sí verdaderos-.


Att, Joanna.